El año que viene quiero llevar al peque unas horitas a la guardería, tiempo suficiente que me permita ir a clase y seguir perfecionando mi francés.
El tema que te quema es que la semana pasada tuvimos nuestra
rendez-vous con la directora de la guarde para ver los horarios y conocernos. Y allí me planté yo, con mi tacón alto y mi niño "niquelao", porque es tan difícil conseguir guardería que quería causar buena impresión. Y, madre mia!!! Cuanto mejor quieres que vayan las cosas, peor van.
Y es que estaba yo en la puerta dispuesta a entrar y un niño con cara de angelote y sus ricitos rubios, jugando con el pomo de la puerta.
- A ver cielete, que voy a pasar. Echate pa' un "laito" guapetón. Ten cuidado con la puerta.
Todo esto en francés, que se resume en:
Attention!!!
Pues nada, que el niño ahí plantado, y yo con Guillermo en brazos y el tacón. Le hice una verónica, un salto de la rana, con doble tirabuzón,un pase de sevillanas y finalmente pude esquivar al niño.
Pero tal era el follón que, zas!!! Se cierra la puerta y el niño se pilla los dedos.
-
Mon Dieu!!! --me puse a gritar--. Ahhh! Este niño!!!
Tu es bien? Tu es bien? Montres-moi la main? (que se traduce en algo así como "haz el favor de enseñarme esa mano que pa' qué leches juegas con la puerta").
Y, sorprendentemente, las monitoras que estaban al lado ni se inmutaron, ni levantaron una pestaña, ni les cambió la expresión de la cara, ni una mueca en los labios. Una de ellas se levantó, cogió al niño, le susurró algo (los franceses hablan en susurros), le llevó a la enfermeria, y cuanto más gritaba el pobre, poseído por el demonio, más calmadas estaban ellas.
Claro, y miras alrededor y están todos los niños en estado zen, en plena meditación, limpiando sus chacras, y dices: pero, estos niños, ¿qué han tomado? Les falta gritarte: "Paz y amor..., y el Plus pa'l salón". Pero no, no se han fumado nada, es la tranquilidad y la paciencia con la que les tratan las monitoras.
Y es que, chicas, seamos realistas, la sangre hispánica se nota a la legua, nos mueve la pasión y nos movemos por impulsos. Estamos acostumbrados a usar un tono de voz elevado y, claro, todo eso se lo transmitimos a los niños, que se pasan el día cardíacos con nuestro modo de hablarles.
Porque quién no ve u oye, o hace ella misma, a grito pelado:
- ¡Ayyy! ¡Mi gordi!
- Pero qué bonito es mi niño!!!
- Quién te quiere a tí!!! Que te como entero!!!
Y que me decis en el parque cuando el niño no te hace caso o ves que se está jugando la vida.
- Manolito!!! Para de una vez!!!
- No te subas ahí, pedazo de cabezón, que te vas a matar!!!
- ¿¿¿Que te he dicho veinte veces??? Como vaya te pego tal guantazo que te comes los dientes!!!
Pero aquí, mis amigos los franceses les susurran al oído para llamarles la atención y, lo mejor, que les causa efecto, que los niños obedecen!!!
Estas viendo al cafre francés a 200 metros, y piensas: qué grito le va a meter la madre cuando lo vea ahí subido. Hasta estás pendiente para no perderte el espectáculo... Pero nada, se acerca, y le regaña tan bajito que ni el espia que has mandado para que te cotillee el desenlace se entera de lo que ha dicho.
En fin, que después de mi entrada triunfal, entro en el despacho de la directora, y Guillermo va y se porta fatal. Y es raro, porque él es bastante bueno. Pero el "tio porío" solo quería suelo y gritaba como un poseso. Y, claro, después de ver la paz infantil que había visto fuera, me tenía abochornada. Encima, dejarlo en el suelo para que se callara no fue la solución, ya que empezó a tirar de los cables del ordenador.
Yo sólo sonreía y la directora lo miraba de reojo. Glups, pensé, me va a decir que no tienen plaza, que entre la madre y el hijo aquello parece un patio de Marías, y que a gritar, al mercado.
Pero, chicas, finalmente me dio los papeles y ya he firmado el contrato. Así que la cosa no fue tan mal.
Ahora solo tengo que entrenar y hablar bajito con mi hijo para que no le echen el año que viene.
Á bientôt.